22/06/2010
El Activismo Judicial no está presente si no tiene una apelación. Aunque es claro que para aquellos que defienden democráticamente y controlan - o mejor dicho - se sienten obligados a la creación de leyes, se mantienen firmes y sobre todo más intelectuales, sobre bases consistentes; también es claro que existe una sugestión seductiva y razonable en la idea de que los jueces no son elegidos como protectores efectivos de los derechos y libertades de las personas.
¿En realidad existe entre nosotros alguien que piense que la legislación siempre hará las cosas correctamente? ¿O tal vez nunca es apropiado para alguien con un poco de "empatía" intervenir y revisar la legislación? Aun cuando uno considera, y con certeza puedo añadir, que democráticamente los creadores responsables de las políticas por lo general aciertan más veces - y de seguro más a menudo que los propios jueces que son más inmunes al reproche del electorado - ¿Existe una fuerza más allá de la idea de que aquel juez que está "cumpliendo con la ley" terminará dando un resultado más justo? Y aunque uno debería admitirlo, éste parece no ser el caso. Por definición general, la aplicación de leyes termina originando injusticias específicas cuando se aplican en un nivel pequeño. Entonces, aquellos que acuden al poder legal para participar activamente en resolver estas injusticias parecen tener un argumento más legítimo. Pero algunos toman esta preocupación fundamentada y van más allá de cualquier reconocimiento.
Aunque existen muchas respuestas a esta filosofía jurídica conservativa, hay una respuesta que aparentemente no se menciona; y es, que, aunque parezca que los jueces pueden tomarse el tiempo resolviendo estas pequeñas injusticias, no dan lugar al rechazo total de una alternativa política adoptada por el pueblo democrático. En otras palabras, solo el legislador omnisciente puede crear una ley que no necesite ser emendada o por lo menos modificada por la corte en pleno. Pero la sensibilidad de este asunto en discusión exige que los defensores de las restricciones judiciales solo cambien una pulgada y no una milla. Se debería recalcar que una cosa es decir que las leyes amplias necesitan ser tomadas en cuenta por sus extremistas a fin de prevenir el reparto de resultados injustos; y, otra cosa es que de alguna manera, esto otorga un poder judicial para rechazar toda una política acogida por la legislación sin que un mandato claro aparezca en la constitución.
El tipo anterior de activismo judicial otorga a la ley el beneficio de la duda, mientras que la última forma permite a la ley y a la gente que es más receptiva, toda la duda. La anterior asume, -posiblemente de manera incorrecta, pero por los menos puede pasarse por alto-, que la ley no intenta forzar a los ciudadanos a incurrir en resultados no razonables que la ley espera. La última asume, y posiblemente es lo más correcto, pero nunca justificable, que la Corte es más sabia que los legisladores democráticamente responsables.
La última apreciación del activismo judicial, no tienen ninguna justificación, ya que mientras admitimos que la ley no es omnisciente y que requiere una revisión por un experto, por así decir, los tribunales, una oligarquía que rechazase las diferentes propuestas de ley, considera ofensivo, al menos, una revisión equitativa del poder de crear leyes. Siempre ha habido una equivocación de que aquellos que nos previnieron en contra de la tiranía mayoritaria, así como la necesidad subsecuente de la usurpación judicial de los impulsos mayoritarios, son las mismas personas que piensan que de alguna manera el juicio de cinco individuos robados va más allá del rechazo.
-Fin-
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